Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
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Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
El Salto de la trucha
Llevo diez minutos sintiendo ese nerviosismo que se manifiesta en una cierta humedad en las manos y una cierta ansiedad que acelera el ritmo cardiaco y me lleva a pisar un poco más el acelerador; aunque en esta ocasión hay algo más.
La sensación ha comenzado, como siempre, en esa curva a la derecha que me permite ver el río y que hace a la carretera comenzar a discurrir paralela al río siguiendo sus curvas y su pendiente. Voy viendo tramos y los recuerdos se traducen en una mayor velocidad de las palpitaciones del corazón. Espero que la ciencia médica nunca estudie ni solucione este “problema”, espero que nuestro afán por controlarlo todo nunca llegue a estos reductos.
Cuando la carretera comienza una ligera y breve desviación del río, en un pequeño ensanche del valle mi instinto me hace pisar el freno y hacerme a un lado. Ya he llegado.
Una vertiginosa y abrupta bajada entre bayas y matorrales me acerca al murmullo torrentoso del río y me permie verla. Ahí esta la curva; su enorme pozo; su cascada. Este es el lugar donde quiero estar; donde quiero estar “solo”.
... Hace muchos años que no me acompaña. Hace muchos años que comenzó a disimular; a poner excusas... “hoy no me encuentro bien”; “hoy hace mucho calor”; “hoy no van a estar de picar”; “tu madre quiere que le acompañe”;... Tardé un poco en darme cuenta del enorme sufrimiento que había detrás de cada una de esas frases. Cuando conseguía convencerlo, él insistía en que pescáramos cada uno por su cuenta. Al principio no le di mayor importancia, pero un día decidí saber el por qué de las excusas y de su búsqueda de soledad.
- Yo salgo del río y empiezo quinientos metros aguas arriba.
- Perfecto -dijo él- nos vemos a las nueve en “el salto de la trucha”.
Salí del río pero preferí esperar y ver escondido detrás de una enorme haya.
Lo vi un poco tenso, envarado, es evidente que la edad no perdona y más cuando se trata de pescar los únicos ríos en los que él sabía y quería pescar, esos torrentes de montaña en los que la naturaleza sigue siendo ajena a casi todas las cosas. Lo vi sacar su caja de latón y anudar con mucho esfuerzo y la ayuda de un enhebrador un par de ahogadas en el terminal, y comenzar a pescar.
Su estampa era para mi inconfundible: Sus pantalones de pana marrón sobresaliendo por encima de sus botas de goma; su camisa de cuadros y su ajado chaleco verde; su caminar por el río con el aplomo de un general.
Conoce cada piedra, cada árbol,... superado ese primer momento de tensión, sus pies se mueven con la precisión de una bailarina entre las enormes rocas... y comienza a pescar. Sus lances, precisos, ponen las moscas en aquellos puntos inverosímiles que producen esas derivas maravillosas que atraviesan toda la corriente sin dejar un milímetro inexplorado.
Sin embargo observo cierta tristeza en su cara. Cierta perplejidad y desorientación acompañan la deriva de las moscas... entonces veo la subida nítida de una buena trucha. Una tomada silenciosa y clara, pero la reacción no llega. La deriva termina y ataca la postura siguiente. La escena se repite y entonces lo entiendo todo.
Entiendo que sus ojos están más cansados que su cuerpo, que sus gafas no bastan para ver las moscas. Él lo entiende mejor que yo; sabe que las truchas están allí. Sabe que la subida debe producirse exactamente en ese punto, pero no puede ver la mosca; y sin verla no puede hacer nada.
Veo con tristeza cómo se da cuenta de que no tiene mucho sentido seguir “molestando” al río. Con parsimonia recoge la línea, corta el terminal y guarda las moscas en su caja. Se sienta, lo mira todo, lo escudriña todo mientras una enorme lágrima cargada de dolor corre por su mejilla y cae al río.
No sé qué hacer. Sé que necesita de mí, que puedo ayudarlo, pero sé también que tal vez prefiera estar solo y sufrir solo, como erróneamente les sucede a casi todos los padres. Mi dilema se rompe cuando al pisar una rama veo que su cabeza se levanta y sus ojos húmedos se posan en los míos con una mezcla de vergüenza y petición de auxilio que me llevan a su lado en tres saltos. Nos fundimos en un abrazo sin palabras que dura una eternidad y acelera sus sollozos y hace crecer en mí una enorme confusión mezcla de cariño, gratitud y sensación de inutilidad.
Yo seré tus ojos, le dije, pero sabía que eso no era posible y su mirada me lo dijo con claridad. Entonces pesca conmigo y sigue enseñándome, que todavía no lo he aprendido todo. Eso es verdad. Yo lo sé, y él también. Entonces sonrió y dijo: vamos al salto de la trucha.
Cien metros más arriba esta ese rincón del río que conocemos como “el salto de la trucha”, precisamente porque desde muy niño él me traía aquí cada mes de octubre para ver las truchas dando saltos para tratar de superar una pequeña cascada en busca de sus frezaderos. Al llegar vimos puesta y comiendo una hermosa trucha. Mi padre me miro muy serio y me guiñó un ojo.
Los dos nos paramos. La estudiamos. Ciertamente nervioso, estudié las referencias, los obstáculos del lance, la dirección de la corriente,... y localicé la posición óptima para el lanzado. Mientras me situaba en el río veía una cierta satisfacción en su cara... Lo estaba haciendo bien, a él le gustaba lo que estaba viendo, y eso me dio cierta tranquilidad. Silencio.
La trucha se mueve muy poco. Está muy fija en su trabajo. Come justo por debajo de la capa superficial y no sé muy bien qué lanzarle. Le miro, y él, con una sonrisa, me pasa su caja y me dice: ponle la emergente rosa del primer compartimiento de la derecha. Le hago caso, él sabe más, mucho más.
Después de dos falsos lances contengo la respiración y poso mi largo bajo. La mosca cae por debajo de la trucha que no se inmuta. Estoy incómodo. Él me susurra que esté tranquilo y que espere un par de minutos. Vuelvo a elevar la línea en el aire y ésta va ganando distancia de forma suave conforme hago falsos lances. Al tercero vuelvo a posar. Esta vez la mosca ha caído bien: algo larga y escorada a la derecha, pero sin demasiada tensión. La deriva es buena y natural, es eterna... la trucha la ve y se mueve un poco a la izquierda como si fuera a dejarla pasar pero nada más llegar a su altura, en un fugaz movimiento tuerce la cabeza a la derecha y la toma con decisión. Clavo demasiado rápido y demasiado fuerte, como siempre, pero la trucha está prendida. Comienza la carrera a lo profundo del pozo y mi afán por dominarla la va sacando a la superficie y de allí a la sacadera.
Con la trucha en mis manos miro a mi padre que está radiante de alegría, de satisfacción, de un orgullo enorme. Feliz, devuelvo la trucha al agua y decido que por hoy ha sido suficiente. Nos vamos a casa.
Esta mañana, cuando he salido del hospital con el corazón entumecido viendo a mi padre que se va, me he montado en el coche y he venido hasta aquí. Él sabe que se va, y dice que se va a un lugar donde hay muchos saltos de la trucha y donde no hacen falta gafas para ver las moscas. Aquí, sentado en aquella roca, dejo que mis lágrimas sigan el camino de aquella que mi padre derramó; y espero que tenga razón; y que algún día pueda volver a verlo haciendo esos lances de ensueño, suaves y precisos y ver su fuerte brazo elevarse con suavidad para clavar la trucha en el instante preciso. Mientras tanto seguiré esperando y tratando de aprender para estar a la altura cuando, de nuevo juntos, pesquemos esos maravillosos saltos de la trucha.
Llevo diez minutos sintiendo ese nerviosismo que se manifiesta en una cierta humedad en las manos y una cierta ansiedad que acelera el ritmo cardiaco y me lleva a pisar un poco más el acelerador; aunque en esta ocasión hay algo más.
La sensación ha comenzado, como siempre, en esa curva a la derecha que me permite ver el río y que hace a la carretera comenzar a discurrir paralela al río siguiendo sus curvas y su pendiente. Voy viendo tramos y los recuerdos se traducen en una mayor velocidad de las palpitaciones del corazón. Espero que la ciencia médica nunca estudie ni solucione este “problema”, espero que nuestro afán por controlarlo todo nunca llegue a estos reductos.
Cuando la carretera comienza una ligera y breve desviación del río, en un pequeño ensanche del valle mi instinto me hace pisar el freno y hacerme a un lado. Ya he llegado.
Una vertiginosa y abrupta bajada entre bayas y matorrales me acerca al murmullo torrentoso del río y me permie verla. Ahí esta la curva; su enorme pozo; su cascada. Este es el lugar donde quiero estar; donde quiero estar “solo”.
... Hace muchos años que no me acompaña. Hace muchos años que comenzó a disimular; a poner excusas... “hoy no me encuentro bien”; “hoy hace mucho calor”; “hoy no van a estar de picar”; “tu madre quiere que le acompañe”;... Tardé un poco en darme cuenta del enorme sufrimiento que había detrás de cada una de esas frases. Cuando conseguía convencerlo, él insistía en que pescáramos cada uno por su cuenta. Al principio no le di mayor importancia, pero un día decidí saber el por qué de las excusas y de su búsqueda de soledad.
- Yo salgo del río y empiezo quinientos metros aguas arriba.
- Perfecto -dijo él- nos vemos a las nueve en “el salto de la trucha”.
Salí del río pero preferí esperar y ver escondido detrás de una enorme haya.
Lo vi un poco tenso, envarado, es evidente que la edad no perdona y más cuando se trata de pescar los únicos ríos en los que él sabía y quería pescar, esos torrentes de montaña en los que la naturaleza sigue siendo ajena a casi todas las cosas. Lo vi sacar su caja de latón y anudar con mucho esfuerzo y la ayuda de un enhebrador un par de ahogadas en el terminal, y comenzar a pescar.
Su estampa era para mi inconfundible: Sus pantalones de pana marrón sobresaliendo por encima de sus botas de goma; su camisa de cuadros y su ajado chaleco verde; su caminar por el río con el aplomo de un general.
Conoce cada piedra, cada árbol,... superado ese primer momento de tensión, sus pies se mueven con la precisión de una bailarina entre las enormes rocas... y comienza a pescar. Sus lances, precisos, ponen las moscas en aquellos puntos inverosímiles que producen esas derivas maravillosas que atraviesan toda la corriente sin dejar un milímetro inexplorado.
Sin embargo observo cierta tristeza en su cara. Cierta perplejidad y desorientación acompañan la deriva de las moscas... entonces veo la subida nítida de una buena trucha. Una tomada silenciosa y clara, pero la reacción no llega. La deriva termina y ataca la postura siguiente. La escena se repite y entonces lo entiendo todo.
Entiendo que sus ojos están más cansados que su cuerpo, que sus gafas no bastan para ver las moscas. Él lo entiende mejor que yo; sabe que las truchas están allí. Sabe que la subida debe producirse exactamente en ese punto, pero no puede ver la mosca; y sin verla no puede hacer nada.
Veo con tristeza cómo se da cuenta de que no tiene mucho sentido seguir “molestando” al río. Con parsimonia recoge la línea, corta el terminal y guarda las moscas en su caja. Se sienta, lo mira todo, lo escudriña todo mientras una enorme lágrima cargada de dolor corre por su mejilla y cae al río.
No sé qué hacer. Sé que necesita de mí, que puedo ayudarlo, pero sé también que tal vez prefiera estar solo y sufrir solo, como erróneamente les sucede a casi todos los padres. Mi dilema se rompe cuando al pisar una rama veo que su cabeza se levanta y sus ojos húmedos se posan en los míos con una mezcla de vergüenza y petición de auxilio que me llevan a su lado en tres saltos. Nos fundimos en un abrazo sin palabras que dura una eternidad y acelera sus sollozos y hace crecer en mí una enorme confusión mezcla de cariño, gratitud y sensación de inutilidad.
Yo seré tus ojos, le dije, pero sabía que eso no era posible y su mirada me lo dijo con claridad. Entonces pesca conmigo y sigue enseñándome, que todavía no lo he aprendido todo. Eso es verdad. Yo lo sé, y él también. Entonces sonrió y dijo: vamos al salto de la trucha.
Cien metros más arriba esta ese rincón del río que conocemos como “el salto de la trucha”, precisamente porque desde muy niño él me traía aquí cada mes de octubre para ver las truchas dando saltos para tratar de superar una pequeña cascada en busca de sus frezaderos. Al llegar vimos puesta y comiendo una hermosa trucha. Mi padre me miro muy serio y me guiñó un ojo.
Los dos nos paramos. La estudiamos. Ciertamente nervioso, estudié las referencias, los obstáculos del lance, la dirección de la corriente,... y localicé la posición óptima para el lanzado. Mientras me situaba en el río veía una cierta satisfacción en su cara... Lo estaba haciendo bien, a él le gustaba lo que estaba viendo, y eso me dio cierta tranquilidad. Silencio.
La trucha se mueve muy poco. Está muy fija en su trabajo. Come justo por debajo de la capa superficial y no sé muy bien qué lanzarle. Le miro, y él, con una sonrisa, me pasa su caja y me dice: ponle la emergente rosa del primer compartimiento de la derecha. Le hago caso, él sabe más, mucho más.
Después de dos falsos lances contengo la respiración y poso mi largo bajo. La mosca cae por debajo de la trucha que no se inmuta. Estoy incómodo. Él me susurra que esté tranquilo y que espere un par de minutos. Vuelvo a elevar la línea en el aire y ésta va ganando distancia de forma suave conforme hago falsos lances. Al tercero vuelvo a posar. Esta vez la mosca ha caído bien: algo larga y escorada a la derecha, pero sin demasiada tensión. La deriva es buena y natural, es eterna... la trucha la ve y se mueve un poco a la izquierda como si fuera a dejarla pasar pero nada más llegar a su altura, en un fugaz movimiento tuerce la cabeza a la derecha y la toma con decisión. Clavo demasiado rápido y demasiado fuerte, como siempre, pero la trucha está prendida. Comienza la carrera a lo profundo del pozo y mi afán por dominarla la va sacando a la superficie y de allí a la sacadera.
Con la trucha en mis manos miro a mi padre que está radiante de alegría, de satisfacción, de un orgullo enorme. Feliz, devuelvo la trucha al agua y decido que por hoy ha sido suficiente. Nos vamos a casa.
Esta mañana, cuando he salido del hospital con el corazón entumecido viendo a mi padre que se va, me he montado en el coche y he venido hasta aquí. Él sabe que se va, y dice que se va a un lugar donde hay muchos saltos de la trucha y donde no hacen falta gafas para ver las moscas. Aquí, sentado en aquella roca, dejo que mis lágrimas sigan el camino de aquella que mi padre derramó; y espero que tenga razón; y que algún día pueda volver a verlo haciendo esos lances de ensueño, suaves y precisos y ver su fuerte brazo elevarse con suavidad para clavar la trucha en el instante preciso. Mientras tanto seguiré esperando y tratando de aprender para estar a la altura cuando, de nuevo juntos, pesquemos esos maravillosos saltos de la trucha.
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
q hermoso relato Adrian se me puso la piel de gallina de donde lo sacaste si se puede saber excelente y gracias por compartirlo con todos nosotros. Abrazo Grande!!!
andresvw- Mensajes : 1990
Edad : 38
Localización : cordoba capital
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
se me llenaron los ojos de lagrimas me lo imagine todo tal cual yo al lado de mi abuelo te lo juro verdaderamente excelente, muchisimas gracias por compartirlo
Seba_bw- Mensajes : 928
Edad : 31
Localización : Bouwer-Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
Noooo que hijo de mil Adrián!! con que nececidad nos haces ponernos a moquear atras de una computadora?? jaja. Hermoso relato loco! muy lindo y emocionante
Piojo- Mensajes : 572
Edad : 37
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
simplemente gracias.... cuantas verdadess
elmonte- Mensajes : 515
Edad : 31
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
E X C E L E N T E ! ! ! !
pstraso- Mensajes : 960
Edad : 43
Localización : Córdoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
que grande adrian capo hermoso fue leerlo completo
rafita- Mensajes : 2000
Edad : 28
Localización : oncativo
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
andresvw escribió:q hermoso relato Adrian se me puso la piel de gallina de donde lo sacaste si se puede saber excelente y gracias por compartirlo con todos nosotros. Abrazo Grande!!!
me lo compartio un sabio amigo y colega pescador,que trabaja conmigo en el hospital.
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
ami me sucedio lo mismo,es la posta todo lo q dice el relato.Seba_bw escribió:se me llenaron los ojos de lagrimas me lo imagine todo tal cual yo al lado de mi abuelo te lo juro verdaderamente excelente, muchisimas gracias por compartirlo
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
esta muy bueno,las palabras justas,por eso decidi compartirlo con los que aprecio tanto...Piojo escribió:Noooo que hijo de mil Adrián!! con que nececidad nos haces ponernos a moquear atras de una computadora?? jaja. Hermoso relato loco! muy lindo y emocionante
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
me alegra q te haya gustado,a imprimirlo y guardarlo.elmonte escribió:simplemente gracias.... cuantas verdadess
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
gracias maestro,excelente por donde se lo mire...pstraso escribió:E X C E L E N T E ! ! ! !
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
muy lindo, es mas... es imposible no emocionarse amigo pescador.abrazorafita escribió:que grande adrian capo hermoso fue leerlo completo
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
muy lindo lo relatado saludos
sergiomv- Mensajes : 440
Edad : 52
Localización : cordoba capital
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
Que buen relato, piel de lija y hasta una lágrima cayó en mi rostro cuando imaginaba el relato y me acordaba de aquellas salidas realizadas con mi abuelo quien me inculco este vicio sano de la pesca.
juanjocab13- Mensajes : 914
Edad : 38
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
a todos o la gran mayoria nos paso lo mismo... abrazo amigojuanjocab13 escribió:Que buen relato, piel de lija y hasta una lágrima cayó en mi rostro cuando imaginaba el relato y me acordaba de aquellas salidas realizadas con mi abuelo quien me inculco este vicio sano de la pesca.
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
excelente adriancito!!!... gracias por el aporte q nos toca a todos!
eltonga- Mensajes : 1849
Edad : 49
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
es como no se adrian es muy lindo leer cosas asi me conmovio encerio loco muy muy bueno, es como que mientras lo leia me iba acordando de mi tio el cual una vez le puso tanza fluor a su ril y le pregunto che rene porque le pusiste esa tanza el me dice nicola porque no veo nada cuando baja un poco el sol y les digo la verdad sin el la pesca no tiene sentido para mi ojala el me durara toda la vida =( bueno sin palabras hermosos el post muchos saludos a todos ustedes un abrazo enorme chicos chau chau
nico987- Mensajes : 162
Edad : 29
Localización : cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
nico987 escribió:es como no se adrian es muy lindo leer cosas asi me conmovio encerio loco muy muy bueno, es como que mientras lo leia me iba acordando de mi tio el cual una vez le puso tanza fluor a su ril y le pregunto che rene porque le pusiste esa tanza el me dice nicola porque no veo nada cuando baja un poco el sol y les digo la verdad sin el la pesca no tiene sentido para mi ojala el me durara toda la vida =( bueno sin palabras hermosos el post muchos saludos a todos ustedes un abrazo enorme chicos chau chau
gracias capo,es muy lindo y emotivo este relato.abrazo
adrianpolo99- Mensajes : 2324
Edad : 49
Localización : Ciudad de Cordoba
Re: Muy emocionante,quiero compartirlo con ustedes...
un relato emocionante, ami me toca muy de cerca y la ultima parte sin duda es lo que espero cada vez que agarro la caña
gracias adrian por subirlo!
gracias adrian por subirlo!
tinchooo- Mensajes : 4252
Edad : 39
Localización : córdoba
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